El beso de la muerte: La caída reputacional de Rubiales
En el mundo del deporte, como en cualquier otro ámbito, pueden surgir situaciones imprevistas o crisis que requieren una respuesta rápida y bien gestionada en las comunicaciones de los equipos, l@s deportistas, l@s jugador@s y sus dirigentes.
Así como existen deportistas de alto rendimiento y que requieren de un entrenamiento diario especial, debería ser una prioridad que nuestros líderes deportivos estén 100% capacitados. ¿Por qué observamos cada vez más dirigentes deportivos menos entrenados en medios y enlodados en casos anti disciplinarios?
Veamos algunos (porque fueron muchos) pecados capitales de Rubiales, expresidente de la Real Federación Española de Fútbol, en sus comunicaciones.
- No recibir un previo entrenamiento de voceros: Un entrenamiento mejora la comunicación, la imagen pública, el manejo de crisis y las relaciones con los medios, lo que en última instancia contribuirá al éxito y la reputación positiva de los equipos y las organizaciones deportivas. Rubiales ya venía presentando comportamientos que no iban alineados con los valores de la Institución, como el de agarrarse sus genitales en presencia del público al lado de la Reina y su Infanta.
- No asesorarse en comunicaciones y a nivel jurídico, antes de publicar su posición: Salir al aire con un video tibio de dos minutos desde las redes de la Federación, un día después del incidente, sin analizar cuáles serían las consecuencias jurídicas y de reputación y cuáles eran los escenarios posibles de crisis, fue un error que la opinión pública no le perdonará ni a él, ni a la Institución a futuro.
- Subestimar a su audiencia: No conocer a nuestra audiencia puede llevar a una falta de conexión con sus intereses, necesidades y valores. Esto puede dificultar la comunicación efectiva y hacer que nuestros mensajes no resuenen con la audiencia, lo que podría afectar la forma en que somos percibidos. Rubiales no contó con que, en el momento de la crisis, gran parte de su audiencia eran mujeres, organizaciones no gubernamentales, feministas, jugadoras y jugadores de fútbol, asociaciones, enemigos, entre otros.
- No renunciar a su cargo de inmediato (mientras se investiga el caso): Existe la presunción de inocencia y todo ser humano es inocente hasta que se demuestre lo contrario; este es un elemento fundamental de un juicio justo y del Estado de Derecho. Sin embargo, era clave que Rubiales se hiciera a un lado, mientras se realizaba la respectiva investigación. Sea inocente o sea culpable, eso le da una tranquilidad a la opinión pública que se está realizado el debido proceso.
- Arrogancia en su discurso y falta de empatía: “No me queda otra que pedir perdón si hay gente que se ha sentido dañada, tengo que pedir disculpas. Y toca aprender”, fue su primera declaración post beso y continuó en su segunda declaración: “Ya he perdido perdón por el gesto. Y he explicado que el beso fue consentido. ¿Creen que eso merece esta cacería? ¿Esto merece mi dimisión? Pues les digo una cosa. No voy a dimitir”. Un tono arrogante puede generar conflictos innecesarios. Si el vocero adopta una actitud condescendiente o superior, puede provocar respuestas defensivas y negativas por parte de aquellos que están interactuando con él.
Para resumir, la comunicación efectiva se basa en la empatía, la humildad y la apertura a diferentes perspectivas. Un vocero que es capaz de comunicarse de manera respetuosa y considerada tiene más probabilidades de construir relaciones sólidas, ganar la confianza del público y promover los objetivos de manera exitosa.